Horco
Horco, la personificación del juramento sagrado y la palabra empeñada, representaba el poder divino que hacía inquebrantables las promesas solemnes entre dioses y mortales. Como hijo de Eris (la Discordia), Horco paradójicamente servía para prevenir conflictos asegurando que los acuerdos fueran respetados bajo pena de castigo divino. Su influencia convertía simples palabras en vínculos sobrenaturales que trascendían la muerte, obligando incluso a los inmortales a cumplir sus compromisos.
Los juramentos bajo la protección de Horco se realizaban con rituales específicos que incluían libaciones, sacrificios y la invocación de su nombre terrible. Romper un juramento protegido por Horco atraía maldiciones devastadoras que se extendían a la descendencia del perjuro durante varias generaciones. Los tratados entre ciudades, matrimonios, alianzas militares y acuerdos comerciales importantes requerían su sanción divina. Su poder era tan temido que incluso Zeus evitaba hacer promesas ligeras, sabiendo que Horco podía obligarlo a cumplirlas sin excepción.
Mitos y leyendas
El juramento más famoso protegido por Horco fue el que hicieron todos los pretendientes de Helena de Troya, comprometiéndose a defender al elegido contra cualquier agravio. Este juramento divino obligó a todos los reyes griegos a participar en la Guerra de Troya cuando París raptó a Helena, demostrando cómo un compromiso sagrado podía determinar el destino de civilizaciones enteras. También protegía los juramentos de los dioses ante el río Estigia, el más sagrado de todos los votos olímpicos.